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Icon15 De «Rubber Soul» a «Abbey Road»: guía para empezar a escuchar a los Beatles

A los Beatles se puede llegar de muchas maneras, ya sea a través de los recopilatorios «The Beatles. 1962-1966» y « The Beatles.1967-1970«, popularmente conocidos como los álbumes rojo y azul; de la mano de esa deliciosa antología de singles que se publicó en 2000, coincidiendo con el 30 aniversario de su separación; o incluso echando mano de «Love», despampanante virguería sonora que George y Giles Martin mezclaron y produjeron para el Cirque du Soleil. Con todo, quien prefiera los álbumes de estudio, también tiene muchas vías entre las que elegir. La opción más lógica, la del orden cronológico, permite seguir el camino de baldosas amarillas que va de «Please Please Please Me» (1963) a «Let It Be» (1970) y medir escalón a escalón y disco a disco el impacto de la beatlemania y la huella de los de Liverpool en la cultura popular, pero quien no esté dispuesto a darse un atracón de una docena larga de discos puede seguir trazados alternativos como este.«Rubber Soul» (1965) El disco bisagra, el que cambió los amoríos adolescentes por la imaginación a raudales y empezó a fraguar lo que sería el canon del pop del siglo XX. «Revolver» y «Sgt. Pepper's...», es cierto, son las cimas creativas de los de Liverpool, pero «Rubber Soul» es el necesario e ideal punto de partido. Ahí están, de forma incipiente, las drogas, Dylan y la obsesión por el sonido («tomamos posesión del estudio», como dijo Lennon). También los nuevos horizontes compositivos, el sitar de George y «What Goes On» de Ringo como estrellas invitadas, y el tránsito que va del empacho romántico de «Michelle» al pop existencialista de «Nowhere Man». El disco, hogar de algunas de las mejores canciones de Lennon («In My Life», «Girl» y «Norwegian Wood», por citar tres), ni siquiera necesitó de hits («Day Tripper» y «We Can Work It Out», grabadas en las mismas sesiones, se publicaron como sencillo y no aparecen en el álbum) para acomodarse durante 42 semanas en las listas de ventas. «A Hard Day's Night» (1964)Antes de seguir avanzando, un rápido vistazo hacia atrás, al momento exacto en que los Beatlesempezaron a marcar con paso firme su propio camino. No en vano, «A Hard Day's Night» es el primer trabajo de la banda sin versiones y el único en el que todo el trabajo compositivo recae en Lennon y McCartney. Superado el impacto de «With The Beatles», álbum con el que alcanzaron el estrellato exhibiendo galones rock y rindiendo pleitesía a la Motown, había llegado el momento de ir a por todas. Una ambición desmedida que lo de Liverpool supieron congelar a la perfección en el acorde inicial, ese Fa 9 tocado con una guitarra de doce cuerdas, que abre la canción titular, franquea el paso a la beatlemania y, ya puestos, explicar mejor que cualquier tratado sesudo la historia del rock. A su lado, «And I Love Her», «Can't Buy Me Love» o «I Should Have Known Better» confirman que la cosa va en serio. Muy en serio. «Revolver» (1966)«Estoy harto de la música que suena como si ya la hubieras oído antes», dijo McCartney justo antes de que los cuatro Beatles se pusiesen manos a la obra para firmar una de las grandes revoluciones de la historia del pop. Tres meses después de grabar «Rubber Soul», volvieron al estudio con una idea en la cabeza (una pista: el álbum empezó llamándose «Abracadabra») y empezaron a definir la cultura popular del siglo XX picoteando de la psicodelia, proyectando el rock del futuro y meciéndose al son de las dulces baladas como «For No One» o «Eleanor Rigby». Con «Tomorrow Never Knows» como inalcanzable ochomil del pop contemporáneo, The Beatles se abrieron de par en par a la experimentación sonora sin renunciar a la acción directa de un buen estribillo. De hecho, si de algo anda sobrado «Revolver» es de canciones memorables como «I'm Only Sleeping», «And Your Bird Can Sing», «Taxman» y «Got To Get You Into My Life». También fue, en cierto modo, el principio del fin: Lennon y McCartney se empezaron a distanciar como compositores y dejaron de componer a cuatro manos mientras Harrison reclamaba un protagonismo que se le negaba sistemáticamente. «The Beatles (White Album)» (1968)En un año especialmente inspirado para el pop, con obras maestras como «Odessey & Oracle» de los Zombies, «The Village Green Preservation Society» de los Kinks, «Astral Weeks» de Van Morrison y «Lady Soul» de Aretha Franklin, los Beatles echaron el resto con un tour de force nacido de unas tensiones evidentes y unas diferencias artísticas cada vez más irreconciliables. Sólo así se puede entender un disco como tan excesivo, épico y a ratos demencial como este; un álbum que es en realidad un rompecabezas en el que van quedando claras las diferentes sensibilidades artísticas y emocionales de cada uno de los miembros mientras el conflicto se traduce en joyas como «Happines Is A Warm Gun», «Blackbird», «Back In The USSR», «Glass Onion» o la soberbia, «While My Guitar Gently Weeps», probablemente la primera vez que Harrison (con la ayuda sin acreditar de Eric Clapton) brilló más y mejor que Lennon y McCartney. Un batiburrillo caótico y glorioso. «Past Masters» (1988)Antes de seguir, otro respiro. En 1988, casi dos décadas después de que los Beatles pasaran a mejor vida, se publicó «Past Masters», un doble álbum que recogía todas las canciones que la banda editó de forma independiente en formato single o EP. Una treintena larga de joyas que, si bien ya brillan en el primer volumen gracias a «I Feel Fine» i «I Want To Hold Your Hand», es en el segundo donde cubren algunos huecos esenciales. Colocado aquí, justo después de «The Beatles», permite, por ejemplo, comparar la explosión eléctrica de «Revolution» con la suave brisa acústica de «Revolution 1», pero en realidad «Past Masters» permite recuperar gemas sin las que no se entendería la carrera de los de Liverpool. Es el caso, claro, de «Hey Jude», pero también de «Don't Let Me Down», «Lady Madonna» o «We Can Work It Out», santo y seña todas ellas del pop más inmediato y, valga la redundancia, popular. «Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band» (1967)O el pop como obra de arte. Decidido a pasar por encima de aquella catedral de pop que Brian Wilson había conseguido encerrar en el «Pet Sounds» de los Beach Boys, McCartney tomó las riendas de los Beatles y dio carta de naturaleza al más famoso (y menos conceptual) de los discos conceptuales. Porque, más allá de inventarse una banda heterónima o de llevar la música pop a unas cotas de ambición inimaginables hasta ese momento, «Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band» exprimió a conciencia las posibilidades artísticas de la música popular con una deslumbrante superproducción. Un alucinógeno caleidoscopio sonoro coronado por la soberbia «A Day In The Life» y que discurre entre guiños al pop art, psicodelia expansiva, fascinación por el music-hall, ecos cabareteros y, claro, destellos multicolor de LSD y filosofía oriental. Y todo acompañado de canciones para seguir haciendo historia como «Lucy In The Sky With Diamonds». «Abbey Road» (1969)Lo normal hubiese sido que, después de dejarse la salud y la amistad en «Let It Be», álbum grabado en 1969 pero que no vería la luz hasta 1970, los Beatles pasasen a mejor vida. Ringo y George habían protagonizado sendos amagos de dejar el grupo y estaba claro que, a esas alturas, John y Paul ya no se soportaban, pero más evidente aún era que la historia de los Beatles no podía acabar con un disco tan arisco y punzante como «Let It Be»; un disco en el que parecía que les hubiesen sacado las canciones con sacacorchos. Dicho y hecho, los de Liverpool hicieron de tripas corazón para dar con un final a la altura de la banda. Un canto de cisne majestuoso y pletórico que, además de dejar una de las mejores caras B de la historia del rock, nos brinda a un Harrison en plenitud como compositor y a Lennon afilando el colmillo entre «Come Together» y «Polythene Pam». El peso, sin embargo, cae en un McCartney, especialmente inspirado en «Carry That Weight» y en la relevadora y definitiva «The End».

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